Estoy sangrando. Resulta que al fin, luego de templar y templar los hornos para cocer los ladrillos para el horno botella, luego de soportar la humareda que nos dejó con los ojos enrojecidos cuando el aserrín de los ladrillos se empezó a combustionar (esto ocurrió cuando tocamos aprox. los 300º C) y tuvimos que apagar los hornos porque era imposible que en la escuela se siguieran dando las otras clases, dejamos para este martes la bizcochada final, bien tempranito y sin alumnos tomando cursos para que no padecieran nuevamente el humo.
Al final, no hubo nada de humo (ya se había quemado todo el jueves pasado).
Llegué ese día después de trabajar a eso de las 15 hs. (nos fuimos turnando entre los alumnos y Marta, la profesora fue la que estuvo de principio a fin), ya estaba por los 700ºC, si bien había visto este horno de gas en funcionamiento, jamás había hecho una horneada en él y me encantó el tema del control del aire, la tobera, mirar constantemente los quemadores, el gas, la presión, la abertura del tiraje... fue una buena experiencia, que incluyó el apagado accidental de un quemador mientras hacíamos el temple y por eso tomar todos los recaudos para el reencendido, dejar que se ventile bien el horno por las dudas de que se haya acumulado gas en su interior (fueron dos segundos) pero hicimos todo como si no hubiéramos visto cuando se apagó, practicamos y memorizamos una y otra vez los pasos de cierres de llaves en caso de emergencia, incluido el corte de energía eléctrica. Con estos bichos grandotes no hay que descuidarse.
Mucho antes de lo que habíamos previsto, a las 18:40 cayó el cono superior indicando que ya había alcanzado los 1200ºC. A las 19:00 hs. cayó el cono inferior y procedimos al apagado completo del horno.
El jueves se descargaron los hornos. Los ladrillos perfectos y Ay! se nos partió la cúpula! por eso sangro. Quedó ahora en cuatro lindos gajos.
Yo lo adjudico a que éstas fueron colocadas en un horno chico y las calzamos casi a presión, apilada una parte sobre otra. tendríamos que haber agarrado un horno más grande y colocar la cúpula armada para que se cocinara apoyada con todas sus caras correspondientes, de la misma manera como se dejó secar. No lo hicimos y pagamos un precio muy caro por no hacerlo.
Ahora volveremos a hacer nuevamente la cúpula. Agggggg!!! dos meses esperando a que se seque!! y encima nos agarra diciembre!! bueno, en marzo meteremos mano de nuevo. Ya se que no es para mi el horno, es para la escuela, pero le pusimos tanta garra como si fuera para nosotros y los estuviéramos haciendo para el patio de nuestras casas!! Aaaggggg!.
Con esta cúpula que se partió, vamos a ver si al menos la podemos emparchar y pegar con cemento refractario, pero tengo mis dudas de que soporte el calor sin colapsar o rajarse nuevamente, pero al menos queremos hacer una horneada antes de diciembre.
Prueba y error. Prueba y error. No tengo consuelo.
Al final, no hubo nada de humo (ya se había quemado todo el jueves pasado).
Llegué ese día después de trabajar a eso de las 15 hs. (nos fuimos turnando entre los alumnos y Marta, la profesora fue la que estuvo de principio a fin), ya estaba por los 700ºC, si bien había visto este horno de gas en funcionamiento, jamás había hecho una horneada en él y me encantó el tema del control del aire, la tobera, mirar constantemente los quemadores, el gas, la presión, la abertura del tiraje... fue una buena experiencia, que incluyó el apagado accidental de un quemador mientras hacíamos el temple y por eso tomar todos los recaudos para el reencendido, dejar que se ventile bien el horno por las dudas de que se haya acumulado gas en su interior (fueron dos segundos) pero hicimos todo como si no hubiéramos visto cuando se apagó, practicamos y memorizamos una y otra vez los pasos de cierres de llaves en caso de emergencia, incluido el corte de energía eléctrica. Con estos bichos grandotes no hay que descuidarse.
Mucho antes de lo que habíamos previsto, a las 18:40 cayó el cono superior indicando que ya había alcanzado los 1200ºC. A las 19:00 hs. cayó el cono inferior y procedimos al apagado completo del horno.
El jueves se descargaron los hornos. Los ladrillos perfectos y Ay! se nos partió la cúpula! por eso sangro. Quedó ahora en cuatro lindos gajos.
Yo lo adjudico a que éstas fueron colocadas en un horno chico y las calzamos casi a presión, apilada una parte sobre otra. tendríamos que haber agarrado un horno más grande y colocar la cúpula armada para que se cocinara apoyada con todas sus caras correspondientes, de la misma manera como se dejó secar. No lo hicimos y pagamos un precio muy caro por no hacerlo.
Ahora volveremos a hacer nuevamente la cúpula. Agggggg!!! dos meses esperando a que se seque!! y encima nos agarra diciembre!! bueno, en marzo meteremos mano de nuevo. Ya se que no es para mi el horno, es para la escuela, pero le pusimos tanta garra como si fuera para nosotros y los estuviéramos haciendo para el patio de nuestras casas!! Aaaggggg!.
Con esta cúpula que se partió, vamos a ver si al menos la podemos emparchar y pegar con cemento refractario, pero tengo mis dudas de que soporte el calor sin colapsar o rajarse nuevamente, pero al menos queremos hacer una horneada antes de diciembre.
Prueba y error. Prueba y error. No tengo consuelo.
Calma Vero, calma, tan terrible no parece
ResponderSuprimir¿ya decidiste que vas a hacer? ¿te vienes o no te vienes para acá?
Besossss